viernes, 28 de septiembre de 2018

Agazapados

Dicen que en su serpentear entre Camboya y el Vietnam oriental es donde el Mekong se volvía un auténtico infierno para los combatientes. Yo lo viví así, con miedo. Siempre intentaba contarles a los muchachos historias de cuando éramos jóvenes: mientras pasábamos las horas agazapados entre la maleza sólo tenía que hacer que imaginasen el calor seco de Arizona, o que recordaran alguna de las en las atracciones del muelle de Santa Mónica, en California. Cualquier estímulo emocional sazonado con algo de recuerdo y melancolía les ayudaba a mantenerse con la mente cuerda durante las horas en que nos escondíamos; a lo largo del día alcanzábamos los 35 grados y el 100% de humedad, así que era difícil mantener la capacidad de concentración intacta.

En el delta del rio los insectos y los pequeños reptiles de la zona pueden hacer enloquecer a cualquier hombre si no es que lo mantienes con la cabeza ocupada. Dormir con miedo es como esperar la muerte llegar por la espalda, nunca se está preparado; y si no descansas tu cuerpo se consume. El único método para mantener a la gente activa y con la mente centrada era la meta. Con la dosis justa los hombres podían andar el tiempo que fuese necesario y perdían el miedo a entrar en combate.

Tenía que hacer llegar a aquellos 12 muchachos enteros a Ho Chi Minh, justo en el centro de Saigón. Saliendo desde Cao Lanh, son aproximadamente 145 kilómetros yendo hacia el noroeste. La mochila pequeña eran unos seis kilos, y el M16 cuatro. Se trataba de avanzar de noche hasta el amanecer y buscar sitios oscuros para dormir de día; acostumbrábamos a encontrar cobijo en la parte sombría de algún pequeño monte, pero en el delta del Mekong eso es imposible, así que sólo nos quedaba confundirnos entre el silencio y la maleza de la jungla. La hojarasca que sirve de sustento a mucha fauna pequeña que se alimenta de insectos o carroña a nosotros nos servia para mimetizarnos en el lodo.

Los Vietcong merodeaban durante todo el día en las orillas del rio, así que decidí cruzar por la selva, porque adentrarnos en jungla nos daría mas opciones de salir con vida, pero aquello se convirtió en una quimera donde cada hombre luchaba por sobrevivir y decidir su propia suerte.
Esperar a que cayese el sol era el peor instante del día. Los escuadrones de charlie sabían que nos escondíamos en la twilight y recorrían el delta con los PT Boat en busca de algún rastro.

Durante las horas muertas S0da escribía canciones de amor. Algunos de los chicos jugaban en silencio a cartas. Yo, quizá porque estaba harto de todo, leía Las Flores del Mal, de Baudelaire. Puede que fuera la consciencia de que mi estado anímico sería una de las cosas que me ayudarían a escapar con vida del infierno: vale mas ser consciente del dolor y percibirlo de manera consciente como algo positivo, que llorar y dejarse aturdir por las emociones.

Observar al sol descender era el único bálsamo que te hacia relajar los nervios. Sabes que la humedad y el silencio formarán parte de ti hasta que empiece el enfrentamiento. Entonces todo cambia: tu visión se cierra por el efecto túnel, la mente ignora los gritos de los heridos para no afligirse y tu nivel de estrés alcanza limites increíbles.  

Enric

jueves, 27 de octubre de 2016

Capítulo III.- Doe

Es un John Doe cualquiera. Cree que podrá acercarse sin que te percates. Te subestima; detectas el sonido del motor y de las 4 puertas de una Mitsu double cab cerrándose casi al unison, y que se convierte en un réquiem que augura un final espeluznante. 
Se trata de tener claro que para los hombres del viejo Prawn sólo eres una mercancía a desmenuzar, y que si no actúas rápido y contundente vas a terminar hecho añicos, seguramente bajando rápido hacia el fondo del mar dentro de un barril de chapa de acero.

Después de diez años de planear y ejecutar esa mierda se han enterado que fuisteis vosotros. Los muy desgraciados no saben que hoy en día tenéis otros clientes, y que principalmente os dedicáis a proveer de artefactos y municiones a los distintos Gang-lords que operan en antigua Barcelona.

Le pides a S0da que deje el arma, que tome otro valium, y que se focalize en quedar-se quieto y omitir sus impulsos esquizo-paranoides, pero él te responde con una carcajada, levantando el dedo medio de su mano izquierda mientras empuña con la derecha la Five-Seven que lleva escondida en la espalda, a la vez que sube el volumen del stereo a todo trapo.

Un brazo aporrea la puerta de entrada, mientras la voz de un hombre rudo en el exterior grita -Hendrike!!! Estás muerto!!-.

Enric

martes, 9 de agosto de 2016

Black List

Ya te ha perdido. Puedes cerrar la ventana poco a poco. Parece que es cosa de un reflejo, tienes que quedarte dentro y mantenerte agazapado. Es un nombre cualquiera; ni siquiera esas estrellas que cree tener sabrán cómo salvarle. Sois dos productos de una industria que os necesita; dos muñecos con distinto pasado.

La mesa al fondo del salón, entre sus tres ventanas inmensas, queda imponente a contra luz. El stereo tararea un narcisista acústico de Nick Cave donde el público se mantiene mudo. Simulará mirarte. La muerte queda siempre en el aire, a un suspiro de quien decida tomar la decisión. Quizá no haya nada que escuchar o reflexionar.

- Es un trabajo cualquiera. Una vez terminas tienes que marcharte. - Recuerdas sus frases maravillosas en historias con mensajes subliminales de grandes esperanzas, donde nadie era castigado por el hecho de su diferencia, y ahora reconoces en tu piel que las actitudes son el condicionante principal de los pensamientos.

Estás tranquilo, y muy despacio tu dedo corazón recorre el perfilado de la cabeza de uno de los brazos de la silla victoriana con una maldita ergonomía imposible. Se sorprenderá.

De forma fugaz ya lo has visto en tu córtex, y sabes que habrá un instante de miedo que va a terminar con un impacto de sonido apoteósico. Como el pánico en el cockpit antes de chocar contra el agua. Sitúate y dótate de la plasticidad cognitiva necesaria para ser un buen hijo de puta. Se trata de esperar a que abra la puerta.

Enric

jueves, 30 de junio de 2016

Late Black Ops

El aprendizaje te ha llevado a una autoconsciencia que narra sobre tu mente con la belleza que el poeta quiere hacer póstuma su decadencia, impregnándola de matices que son inapreciables para quién no reside en tu cuerpo. La cobardía es la única parte tangible de la realidad ante la obsolescencia programada; aquel que quiso sobrevivir a la era digital sin entender que eso era el nuevo estadio de la condición humana, no un instante pasajero.

Siempre el silencio prolongado es como un discreto pitido que augura malas noticias. De golpe bajo el casco, por el auricular, oyes "Air! Air!" con la pronuncia inglesa del piloto, cuando el cuadricóptero se eleva y abandona la azotea. El vuelo nocturno y silencioso de vuestra nave os convierte en intocables e impunes, y cómplices de los mismos lobbys de poder que pretenden perpetrarse pasando inadvertidos. Son ellos quienes os nutren.
A penas ves nada, sólo las luces de la ciudad que pasan rápido bajo tu cuerpo suspendido en el aire.

Empiezas a racionalizar que el mentor puede adiestrar al discípulo para limitar su capacidad de análisis. No puedes convertirte en la amenaza. Debes temer a quien pueda dejarte morir desenchufándote. A diferencia de ellos tu no temes todo aquello que aun no existe. La percepción de ser un simple pellejudo, e interiorizar que vas a ser quien huya para salvar la consciencia que habita en un cuerpo, te lleva a entender lo que significa ser retirado.
Tu chipset escanea frecuencias de radio digitales esperando instrucciones precisas, y por eso sabes que no eres tan autónomo.

Mañana criticarás mil veces a los gobernantes. Te moverás por las autopistas de la información y  por redes sociales soñando ser atendido por miles de mentes que también quieran cambiar el mundo.

Enric

sábado, 22 de febrero de 2014

Cero

Es un ciclo. Ahora esperas que el cielo cambie de color y que la humedad del aire deje de ser un problema. El dolor lumbar con una dosis de paracetamol como bálsamo para no pensar en lo que deberías haber hecho. El entristecerte es la reacción del subconsciente al desapego emocional inevitable.
Se cierra la persiana metálica detrás tuyo y sales. Ágil clavas el 3B en la esquina de un volantazo. Te bajas visualizando el cañón en su pecho: será sin mediar palabra. 

Él era quien corría siempre huyendo entre chistes y caras de jocker perdedor, que eran la imagen de sí mismo, mientras atentaba contra las personas de buenas acciones en la oficina. Tenía la esperanza de estocolmizar a todos los empleados.
Aún no existe lugar donde tu alma alcance un precio vil para malvenderte.

Muere y su cuerpo se pausa inerte en el aire. Pasa entre dos sillas y llega al suelo como si quisiera hacer de su última acción un acto poético. La vida imita al arte.

Un hombre se ha acercado al oír el estruendo. Se dirige hacia ti a media voz con un "you look soaked!". Te percatas que a la salida se ha fijado en las líneas del tattoo que asoman debajo de tus shorts, y ha visto como el jeep desaparecía en un destello amarillo. 

Cassidy y Sundance Kid a pesar del dolor y la sangre quisieron devenir leyenda prolongando el final esperando la muerte; o como Travis Bickle, que quiso que fuese la lluvia quien arrastrase su alma. Tú asumes demasiados riesgos.

Enric