Mi pensamiento asociativo tiene tanta prisa que se pierde. Me reencuentro con los check-lists para dar salida a todo lo que tengo pendiente. Suena en el 5.1 la voz de Layne que parece que use el unplugged para anunciar que va apagarse pronto, mientras Telémaco, al que le pido que no sea complaciente y no alucine, me acompaña en el vibe coding.
Manejo varios servidores en el Cloud. Es como si el espacio se plegase sobre si mismo, y algo en mi subconsciente resuena como un acúfeno: es un código malicioso, una especie de prompt injection a mi cerebro, que me hace incapaz de vaciar la mente. Es un frisson, el escalofrío estético, un enlace emocional entre la personalidad y lo que percibo. Dudo de mi propia acción y no se si está o no gobernada por mi conciencia. Desconozco donde termina mi humanidad y empieza mi simbiosis electrónica, pero de golpe parece que las prioridades hayan cambiado.
El silencio me hace partícipe de la soledad que encierra. Tomo consciencia del espacio desierto que me rodea, y el sentimiento aflora: la soledad extrema llega cuando justo al decir "adiós" te das cuenta que te estás despidiendo de alguien imaginario, que no ha existido jamás.
Enric
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